Deja la puerta abierta......PARTE VII
Decidimos ir por el sendero que daba hasta el río, ya que por las orillas podíamos encontrar troncos o ramas secas que ardería rápidamente. Ya habíamos llegado hasta el riachuelo y no encontramos nada, así que caminamos por el margen del caudaloso afluente. Poco a poco empezaba a anochecer, Carlos y yo ya teníamos caminado media hora río arriba y fue cuando empezamos a recolectar leña, luego vimos como una niebla densa bajaba y lo recorría todo. Se comenzó a sentir un frío en aquel lugar y el viento hizo su aparición moviendo las ramas de los árboles poco a poco. Carlos prendió la luz de la linterna que llevaba para alumbrar el camino por donde íbamos pasando. Él iba adelante y yo detrás con algo de leña, en eso el aire aumentó su intensidad y la niebla estaba más densa, no podíamos ver hacia dónde nos dirigíamos, mi amigo, me dijo que no me alejara mucho de él porque el aire estaba muy fuerte y podíamos caer. En eso, un fuerte viento vino y nos tiró de un solo soplo, la lámpara al momento de caer al suelo ya no alumbró y se perdió.
-Carlos estás ahí?-le dije asustada. Volví a decir -Carlos, dónde estás, no te veo di algo, por favor!!!- argumenté mientras me ponía de pie asustada.
Nadie dijo nada, en el cielo empezaba a verse una luz blanca algo tenue, comencé a caminar paso a paso, hacia adelante, con lo poco que podía ver, aun costado se oía el agua correr, sabía que ahí no podía ir porque ya era el río.
-Carlos, estás ahí?-pregunté asustada, nadie respondió.
Seguí avanzando a paso lento, el viento seguía fuerte, al llegar en un árbol me detuve unos minutos esperando que el aire calmara un poco, ya la neblina se estaba desvaneciendo ya era poca, ya podía distinguir con la ayuda de la luz de la luna a mi alrededor.
En pleno mes de abril, el frío que hacía era de los meses de invierno. Comencé a caminar, seguía asustada porque ahora estaba yo sola tratando de llegar al campamento y poder pedir ayuda para buscar a mi amigo Carlos, pero al caminar, me perdí y seguí andando sin rumbo fijo, ya que no sabía por dónde llegar hasta donde se encontraban los demás.
Con lo poco que pude acordarme y con la ayuda de la luz de la luna, me dirigí a donde estaba el campamento, donde según pensaba que quedaba. Seguía caminando y no llegaba, tal vez por el aire fuerte y frío y por la oscuridad mi mente no podía recordar el camino de regreso. Al pasar por unos árboles ya viejos y dejarlos metros atrás, oí como si estos hubiesen caído de un solo golpe, escuché un ruido muy fuerte y me asusté, comencé a correr. Percibí que algo venía detrás de mí corriendo, nunca volteé a ver pero sentía la presencia de algo persiguiéndome, tal vez fue la adrenalina que me hizo correr demasiado junto con el miedo que sentía, no sé qué tanto había corrido, cuando a lo lejos vi una cabaña y una luz, fue cuando llegué hasta aquí muriéndome de cansancio y agotada por todo lo que había pasado, en ese momento fue cuando toqué la puerta y no supe más de mí…
CONTINUARÁ...
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